tenis ralph lauren hombre adorbritánico asume la misión de mantener vivo el nombre de Oscar de la Renta

El primer día de Peter Copping en su nuevo trabajo, con una marca nueva en otro país, no fue precisamente como lo había planeado.

En lugar de ir a las oficinas de Oscar de la Renta en la calle 42, frente a los jardines de Bryant Park, y ocupar su oficina de cristal junto a la del diseador que hacía poco lo había nombrado como su primer director creativo y heredero, Copping estaba en una banca de la iglesia de San Ignacio de Loyola en Park Avenue, detrás de Donna Karan y cerca de Michael Kors y Tory Burch, presentes en el funeral de De la Renta.

En lugar de escuchar a sus asistentes, Andrea Ruiz y Fernando García, que lo pondrían al tanto de la precolección de otoo, estaba escuchando las elegías de Hillary Clinton, del ex secretario de estado Henry Kissinger y del ex alcalde de Nueva York Michael Bloomberg, en honor de De la Renta.

Y en lugar de mirar a las mujeres bien vestidas pasar por su oficina camino a almuerzos en Lambs Club, estaba observando a Laura Bush y Diane Sawyer caminar por el pasillo, ataviadas de negro.

En sus hombros reposaba no solamente el futuro de una marca profundamente integrada en la estructura del poder político, mediático y de las celebridades del país, sino todo un nuevo paradigma de la moda.

La industria es conocida por ser deficiente para planear sucesiones. Su historia está llena de casos de diseadores que vendieron su compaía sin haber nombrado herederos y que no quedaron satisfechos con los resultados, desde Hubert de Givenchy hasta Yves Saint Laurent. O de marcas que se vienen abajo después de muertes debido a la falta de previsión (Halston, Bill Blass). En Oscar de la Renta, sin embargo, por primera vez un diseador había tratado de cambiar ese patrón.

“Nuestra industria no siempre se ha desempeado bien cuando hay cambios en la dirección del diseo”, sealó De la Renta en octubre pasado al anunciar la designación de Copping, diseador que pasó toda su carrera en Europa, buena parte de ella en Louis Vuitton, con Marc Jacobs y después en Nina Ricci. “Mi esperanza es que, al dirigir esta selección y participar activamente en la transición, pueda garantizar el mejor futuro de diseo para nuestra compaía y nuestra marca.”

Aunque De la Renta no vivió para ver los resultados, dado el número de otras marcas que actualmente están siendo dirigidas por una generación de grandes nombres, como Giorgio Armani, Karl Lagerfeld en Chanel, Ralph Lauren y Donna Karan, todas las miradas apuntaban al debut de Copping el pasado martes, tratando de calcular si la casa De la Renta logró la transición.

Las reseas indican que la colección fue un éxito. “Fue muy respetuosa”, dijo la cantante Taylor Swift después del show mientras saludaba a Anna Wintour, la editora de la revista Vogue. “Muy, muy hermosa”, agregó Swift.

“No hay ningún manual aceptado para esto”, afirma Alex Bolen, de 46 aos de edad, director general de la compaía y yerno de De la Renta.

Por fortuna, la casa de moda empezó a redactar su propio manual hace diez aos.

En 2004, Bolen, entonces banquero de inversión en Bear Sterns, que adicionalmente había actuado de consultor corporativo de su suegro, fue nombrado director general de Oscar de la Renta. (l se casó en 1998 con la hijastra de De la Renta, Eliza Reed, que es ejecutiva independiente de la compaía.)

“Lo primero que me dijo Oscar fue que no quería acabar como Bill Blass”, sealó Bolen recientemente. “En ese entonces ni siquiera sabía a qué se refería.”

En las décadas 70 y 80, cuando estaban estableciendo su negocio y reinaban en la sociedad y en el distrito de la moda, Blass era amigo y uno de los más cercanos rivales de De la Renta. En un momento incluso tuvieron oficinas en el mismo edificio y se visitaban en su casa campestre en Connecticut. Después, Blass licenció su nombre ampliamente y por último vendió su compaía en 1999.

Las cosas no salieron bien. En 2008, NexCen, el propietario de la marca, se declaró en bancarrota y la marca fue vendida en efectivo a Peacock International Holdings, que entonces se cambió de nombre a Bill Blass Group LLC. Aunque la casa ha recibido un nuevo aliento con el diseador Chris Benz, buena parte del valor de la marca se ha perdido.

“Oscar quería construir una marca duradera”, asegura Bolen. l pasó la mayor parte de sus primeros aos en la marca reduciendo el número de licencias (de treinta a cinco), transformando un negocio que estaba basado enteramente en cuentas de mayoreo casi exclusivamente en Estados Unidos en una empresa con 14 tiendas minoristas propias y con ingresos en el extranjero que representan de 35 a 40 por ciento de sus ingresos. También lanzó una variedad de colecciones nuevas, con ropa casera, vestidos de novia y ropa para nios.

Las ventas actuales se cifran en 150 millones de dólares, lo que hace a Oscar de la Renta “la mayor de las marcas pequeas independientes o la menor de las grandes”, como dice Bolen.

En 2006, sin embargo, De la Renta se enteró que tenía linfoma y aunque después remitió, en 2011 “dijo que había que tomar en serio quién va a ser el siguiente”, recuerda Bolen. “sa fue la última pieza del rompecabezas.”

Aunque Oscar de la Renta se identifica como una empresa familiar la mayoría es propiedad de los De la Renta y los Bolen, y tiene la atmósfera relajada y ruidosa de un clan extenso estaba descartado designar a un pariente.

La única elección posible, la seora Bolen, conocida por su elegancia y capacidad de hacer que la ropa de su padre estuviese al alcance de su generación, no tenía estudios formales de diseo. Y más importante aun, ella no tenía ningún deseo de convertirse en el rostro público de la marca o su “directora creativa”, pero haciendo que un equipo anónimo se encargara realmente de hacer la ropa. “Que yo estuviera ahí no estuvo a discusión”, dijó ella.

Sin embargo, parte de lo que caracterizaba a De la Renta y a su marca, y que lo volvió un personaje tan atrayente y dominante, era su tren de vida. Tanto en su primer matrimonio, con Franoise de Langlade, ex editora de Vogue en Francia, como en su segundo, con Annette Reed, De la Renta no solo vistió a las protagonistas del poder de Nueva York, Washington y Los ngeles, sino que también socializó con ellas.

l entendía lo que ellas deseaban usar y cómo querían sentirse (hermosas, femeninas, lujosas y con el poder que otorgan esas cualidades). l cenaba con ellas, bailaba salsa con ellas en actos de caridad, las visitaba los fines de semana, platicaba de jardinería y aparecía en la sección social de las revistas al lado de ellas. Para él, lo profesional era personal.

Esto, sin embargo, creó un dilema para la compaía, pues pocos diseadores de la siguiente generación encarnaban tanto las cualidades estéticas que estaban buscando en un sucesor así como la vida social.

Se decidió que la prioridad era la estética y la habilidad. “Queríamos a alguien que pudiera trabajar en una sala de muestras como Oscar, que tuvo experiencia en los talleres de París”, explicó Bolen. (De la Renta dirigió Balmain Couture de 1993 a 2002.) Y desde un principio, él tuvo en mente un solo nombre: Peter Copping.
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