ralph lauren kids sale uk Por qu odian los chinos a Jap n

Por qu odian los chinos tanto a Jap n, como se ha visto en las manifestaciones por las disputadas islas Senkaku (Diaoyu en mandar n)? Hace ahora 81 a os, el Ej rcito nip n invadi Manchuria, al noreste de China, tras un atentado contra una l nea de ferrocarril gestionada entonces por una compa a japonesa. Aunque el Incidente de Mukden fue preparado por sus propios soldados, el imperio del Sol Naciente aprovech la excusa para empezar una sangrienta ocupaci n que se prolong hasta el final de la Segunda Guerra Mundial en 1945. Adem s de la humillaci n sufrida, esos catorce a os dejaron atroces cap tulos como la masacre de Nanjing, el uso de esclavas sexuales por parte del Ej rcito nip n y hasta experimentos con seres humanos al m s puro estilo nazi.

Desde que acab la contienda con el lanzamiento de sendas bombas at micas sobre Hiroshima y Nagasaki, la actitud de Jap n ha sido muy distinta a la del otro gran derrotado, Alemania, que ha liderado la Uni n de Europa para redimirse por su pasado. En Asia, ni China ni Corea del Sur se creen las formalistas disculpas que, de forma tan autom tica como poco convincente, los distintos Gobiernos nipones han repetido palabra por palabra durante los ltimos a os.

A este orgullo t picamente japon s se suman los habituales desaires que suelen enervar a sus vecinos, como las peri dicas peregrinaciones al santuario sinto sta de Yasukuni, enclavado entre el Palacio Imperial de Tokio y el Museo Militar de Yushukan. All se veneran las almas de los 2,5 millones de soldados nipones ca dos en acto de servicio desde la restauraci n de la dinast a imperial Meiji (1866 69) hasta el final de la Segunda Guerra Mundial (1939 45). Entre ellos figuran m s de un millar de criminales de guerra 14 de primera clase ajusticiados por los Aliados al t rmino del conflicto. En 1978, todos ellos fueron incluidos de forma secreta en el Registro de Almas de Yasukuni. Por ello, cada visita de los parlamentarios y ministros japoneses supone una grave ofensa para las naciones que m s sufrieron la ocupaci n nipona, como China y Corea, donde se calcula que murieron entre 20 y 30 millones de personas.

Uno de los cap tulos m s brutales ocurri en Nanjing. Durante el asalto a la ciudad, que comenz el 13 de diciembre y se prolong seis semanas, perecieron al menos 150.000 personas, seg n el Tribunal Internacional de Tokio que juzg a los criminales de guerra nipones. Las autoridades chinas elevan dicha cifra hasta las 300.000 personas. En cualquier caso, en dicha ciudad se desat una aut ntica org a de sangre y destrucci n documentada en el estremecedor libro The rape of Nanking , de Iris Chang.

Las im genes de la poca que recupera el documental Nanking , de Bill Guttentag y Dan Sturman, muestran matanzas indiscriminadas perpetradas de las m s atroces maneras: a bayonetazos, quemando vivos a los prisioneros o en masivas ejecuciones sumarias con ametralladoras a orillas del r o Yangts y en la falda del monte Mufu que se cobraron decenas de miles de vidas.

El horror que desataron las tropas niponas fue tal que dos tenientes, Toshiaki Mukai y Tsuyosi Noda, se retaron para ver qui n era capaz de decapitar a m s prisioneros con sus catanas. Como si de una competici n deportiva se tratara, el peri dico Nichinichi Shimbun informaba a finales de 1937 de que Mukai hab a vencido al cortar 106 cabezas, frente a las 105 de Noda, ilustrando el art culo con una fotograf a de ambos oficiales posando orgullosos con sus sables.

Adem s, los japoneses violaron a 20.000 mujeres y ni as. En medio de aquel apocalipsis, los chinos a n recuerdan al alem n John Rabe, un directivo de Siemens y miembro del Partido nazi alem n apodado el Schindler de Nanjing porque, junto a otros expatriados, organiz una zona de seguridad donde se refugiaron 250.000 personas que hu an del infierno desatado por los soldados nipones.

Un horror que tambi n conoci Lei Guiying, violada cuando ten a 13 a os y utilizada como esclava sexual por el Ej rcito japon s. Fallecida a los 79 a os en abril de 2007, poco despu s de conceder su ltima entrevista a ABC, Lei Guiying fue una de las 200.000 mujeres del consuelo chinas, coreanas, filipinas, taiwanesas e indonesias que poblaban los burdeles regentados por el propio Ej rcito imperial para levantar la moral de la tropa. A veces ten a que atender a cinco clientes al d a, que nos violaban como animales y luego nos pegaban para desahogarse , relat la anciana en su casa de Tang Shan, a 30 kil metros de Nanjing. S lo en China se calcula que hab a 10.000 de esos prost bulos.

En Manchuria, donde los japoneses impusieron un gobierno t tere dirigido por el ltimo emperador de China, Pu Yi, la Unidad 731 llev a cabo sus siniestros experimentos. Al m s puro estilo Mengele, el Ej rcito nip n lleg a efectuar vivisecciones en seres humanos vivos, sobre los que se probaban armas qu micas y biol gicas como la peste bub nica, el tifus o el c lera. Seg n los investigadores, al menos 3.000 civiles fueron utilizados como conejillos de indias en el campo de Harbin, que empez a funcionar en 1939 y fue destruido por el Ej rcito nip n en 1945 para ocultar pruebas.

Para que nada de esto se olvide, el r gimen chino educa a su pueblo en el odio a Jap n y la televisi n emite constantemente series y pel culas de guerra. La culpa de este conflicto la tiene el Gobierno japon s porque ha manejado la disputa de las islas con poca habilidad, pero tambi n Pek n porque ha usado la propaganda y la educaci n para alimentar el resentimiento en la sociedad , razona Wen Cheng Lin, profesor de la Universidad Sun Yat sen de Taiw n.

Por su parte, Xulio R os, director del Observatorio de la Pol tica China, cree que el ascenso de China alerta de una crisis de identidad en Jap n, inmerso en una inestabilidad que amenaza con volverse cr nica . A su juicio, ambos pa ses han sostenido hist ricamente una pugna, a veces visible, otras veces oculta, por el liderazgo del mundo confuciano . Una lucha que contin a hoy d a.
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